Cuantificación y sus límites: de dónde salen los números

Todo umbral ecográfico es una convención construida sobre una población, no una propiedad del paciente que tienes delante. Un número acumula tres fuentes de error: la medición, el corte elegido y la población de donde se derivó.

Share
Distribución normal estándar con regiones sombreadas que muestran la proporción de la población dentro de una, dos y tres desviaciones estándar
Д.Ильин (vectorización), basado en D Wells · Wikimedia Commons · CC0 1.0

El número no es del paciente

Cuando mides algo con la sonda y obtienes 6,4 mm, es tentador tratar ese número
como una propiedad del paciente, como su peso. No lo es. Es el resultado de tres
cosas encadenadas, y cada una aporta su error:

  1. Tu medición —dónde pusiste los calibradores, en qué plano, con qué
    ganancia.
  2. El corte que aplicas —un umbral que alguien eligió, con criterios que
    casi nunca vienen impresos junto al número.
  3. La población de donde salió ese corte —gente que probablemente no se
    parece del todo a quien tienes delante.

Este concepto es transversal: no enseña a medir nada nuevo. Enseña a leer
cualquier cifra del atlas —las que ya usaste y las de la Oleada 3— sabiendo de
qué está hecha.

Los umbrales son acuerdos, no descubrimientos

El ejemplo más limpio ya lo viste en apendicitis. El corte de 6 mm de diámetro
apendicular es el criterio más objetivo y más aceptado, y al mismo tiempo
carece de un respaldo empírico que lo fije en ese valor. Cuando alguien
buscó el punto óptimo por curva ROC en 398 apéndices efectivamente visualizados
de una población pediátrica, el mejor corte fue 7,0 mm, con una mediana de
9,4 mm en los operados y 5,5 mm en los no operados.

Fíjate en lo que eso implica: mover el corte de 6 a 7 mm no es una corrección
técnica, es una decisión clínica sobre qué error prefieres cometer —menos
cirugías innecesarias a cambio de más casos perdidos—. Ningún número lleva esa
decisión escrita encima.

Lo mismo pasa con el colédoco: los estudios clínicos usan indistintamente 6 o
7 mm como límite de lo dilatado. No es descuido; es que el corte depende de para
qué lo quieres.

Lo "normal" es un rango, y siempre deja gente fuera

Un valor de referencia describe cómo se distribuye una medida en un grupo de
personas sanas, y por construcción algunas personas sanas caen fuera.

En 206 adultos sin patología hepatobiliar, el diámetro medio del colédoco fue de
3,64 mm, con un rango de 1,8 a 5,9 mm y el 65 % por debajo de 4 mm. Ese "de 1,8
a 5,9" es la parte que se olvida: hay gente sana en los dos extremos, y el
diámetro además aumenta con la edad de forma sostenida.

Así que cuando tu paciente mide 5,8 mm, la pregunta correcta no es "¿pasó el
umbral?" sino "¿dónde cae dentro de una distribución, y quién es este paciente?".

Un número solo vale poco; combinado vale mucho más

Ésta es la lección más útil de todas, y también la más fácil de aplicar mañana.

En una serie de 180 pacientes no ictéricos, las pruebas hepáticas alteradas
solas dieron un 27 % de probabilidad de cálculo en el conducto. El colédoco
dilatado solo tampoco alcanzaba. Pero la combinación —laboratorio alterado
más conducto mayor de 7 mm— llevó la probabilidad al 82 %.

El corolario práctico: deja de buscar el número que decide. Busca la
concurrencia. Es exactamente la estructura de colecistitis aguda, donde el signo
no es la pared ni el cálculo ni el Murphy, sino su coincidencia.

Los algoritmos formales también fallan

Conviene desmitificar también el otro extremo, el de creer que un criterio
publicado resuelve la incertidumbre.

Cuando se aplicaron las reglas de estratificación de riesgo de la sociedad
americana de endoscopia a 498 pacientes con sospecha de coledocolitiasis, su
exactitud global fue de 62,1 % (sensibilidad 47,4 %, especificidad 73 %):
entre los clasificados como alta probabilidad, 56,3 % tenía cálculo, pero entre
los que no cumplían esos criterios lo tenía el 34,8 %. Agregar la tendencia
del laboratorio no mejoró nada.

Un algoritmo que acierta seis de cada diez veces sigue siendo mejor que la
intuición sola, pero no es una máquina de certezas.

Cuidado con cómo se fabricó la cifra que estás leyendo

Los números publicados también tienen procedencia, y a veces esa procedencia los
infla.

El metaanálisis de ultrasonido en apendicitis encontró que los estudios que
excluyeron los hallazgos equívocos reportaron valores significativamente
mayores que el resto (p < 0,0001). Traducido: parte del buen rendimiento
publicado se construyó dejando fuera del cálculo exactamente los casos difíciles
—que son los que más vas a ver tú—.

Cuando leas una sensibilidad muy alta, pregúntate qué hicieron con los estudios
indeterminados. Si los borraron, ese número no describe tu consulta.

El operador es parte del instrumento

Y el último eslabón eres tú. La misma imagen, leída por dos personas, produce
dos números.

El caso mejor documentado del atlas es la fracción de eyección estimada a ojo:
correlaciona estrechamente con los métodos cuantitativos formales, y la
variabilidad entre observadores mejora con entrenamiento dirigido. Es decir,
la dispersión no es una propiedad fija del método: es una propiedad del método
en tus manos hoy, y se puede reducir.

Eso convierte la variabilidad en algo accionable en lugar de en una excusa.

Dónde NO confiar

  • En un decimal que tu técnica no sostiene. Si mides el colédoco en oblicuo
    o incluyes las paredes, el tercer dígito es ficción. Reporta lo que tu método
    puede sostener.
  • En un umbral aplicado fuera de su población. Un corte derivado en niños,
    en un centro de referencia o con sonda endovaginal no se traslada intacto al
    adulto, al primer contacto o a la vía transabdominal.
  • En un número aislado. La concurrencia informa mucho más que cualquier
    medida sola, y esa es la estructura de casi todos los signos de este atlas.
  • En "está dentro de lo normal" como sinónimo de sano. El rango de
    referencia deja gente sana fuera y gente enferma dentro, sobre todo cerca del
    corte.
  • En la precisión aparente del equipo. Que el aparato muestre dos decimales
    no significa que el dato tenga esa resolución.
  • En una cifra sin su procedencia. Antes de usar un número publicado,
    pregúntate en quién se midió, con qué patrón de referencia se comparó y qué se
    hizo con los casos dudosos.

Practica esto

Mide lo mismo tres veces. Elige una estructura fácil —el colédoco, la pared
vesicular, el diámetro de la cava— y en el mismo paciente, en la misma sesión,
mídela tres veces levantando la sonda entre una y otra. Anota los tres valores.

La dispersión que veas es tu error de medición, y es el número más honesto
que vas a tener sobre tu propia técnica. Si tus tres mediciones cubren el
umbral, ese umbral no puede decidir solo en tus manos: necesitas más datos.

Después repite el ejercicio con un colega sobre el mismo paciente, sin verse los
resultados. Esa diferencia es la variabilidad entre observadores de tu servicio,
y es la que nadie mide y todos padecen.

Y adopta una costumbre al informar: escribe el número con lo que hiciste para
obtenerlo
—"colédoco 6,2 mm medido de pared interna a pared interna,
perpendicular, anterior a la porta"—. Un número sin método es una opinión con
decimales.

Evidencia

  1. Prendergast PM, et al. Acute appendicitis: investigating an optimal outer appendiceal diameter cut-point in a pediatric population. J Emerg Med. 2014;46:157–64. DOI: 10.1016/j.jemermed.2013.08.027. PMID: 24113477.
  2. Worku MG, et al. Sonographic measurement of normal common bile duct diameter and associated factors at the University of Gondar comprehensive specialized hospital and selected private imaging center in Gondar town, North West Ethiopia. PLoS One. 2020;15:e0227135. DOI: 10.1371/journal.pone.0227135. PMID: 31971959.
  3. Jendresen MB, et al. Preoperative routine magnetic resonance cholangiopancreatography before laparoscopic cholecystectomy: a prospective study. Eur J Surg. 2002;168:690–4. DOI: 10.1080/11024150201680024. PMID: 15362577.
  4. Adams MA, et al. Predicting the likelihood of a persistent bile duct stone in patients with suspected choledocholithiasis: accuracy of existing guidelines and the impact of laboratory trends. Gastrointest Endosc. 2015;82:88–93. DOI: 10.1016/j.gie.2014.12.023. PMID: 25792387.
  5. Arruzza E, et al. Diagnostic accuracy of computed tomography and ultrasound for the diagnosis of acute appendicitis: A systematic review and meta-analysis. Radiography (Lond). 2022;28:1127–1141. DOI: 10.1016/j.radi.2022.08.012. PMID: 36130469.
  6. Thavendiranathan P, et al. Improved interobserver variability and accuracy of echocardiographic visual left ventricular ejection fraction assessment through a self-directed learning program using cardiac magnetic resonance images. J Am Soc Echocardiogr. 2013;26:1267–73. DOI: 10.1016/j.echo.2013.07.017. PMID: 23993695.
  7. Gudmundsson P, et al. Visually estimated left ventricular ejection fraction by echocardiography is closely correlated with formal quantitative methods. Int J Cardiol. 2005;101:209–12. DOI: 10.1016/j.ijcard.2004.03.027. PMID: 15882665.
  8. Rich S, et al. Determination of left ventricular ejection fraction by visual estimation during real-time two-dimensional echocardiography. Am Heart J. 1982;104:603–6. DOI: 10.1016/0002-8703(82)90233-2. PMID: 7113901.

Read more

biosemiotics · atlas independiente de POCUS · DOI: 10.5281/zenodo.21435362